por María de los Ángeles Roberto
María de los Ángeles Roberto es teóloga y biblista feminista, residente en Buenos Aires, Argentina. Forma parte del colectivo de feministas cristianas «Las Magdalenas Argentina«. Su trabajo académico e investigativo se centra en el seguimiento de los feminismos cristianos en América Latina, con especial interés en los procesos de comunidades como Mujer-Iglesia y Con-spirando.
Un encuentro marcado por la hospitalidad y la sororidad
La hospitalidad, generosidad y sororidad, con la que me recibieron en Santiago de Chile para participar del VII Encuentro Nacional de Mujeres Iglesia, me mantiene el corazón calentito aún por los recuerdos de ese fin de semana y me da muchas ganas de regresar para seguir conversando con esas mujeres fuertes y valientes que, desde hace 10 años, se encuentran para fortalecer sus vínculos y organizar sus actividades.
Al llegar, Guadalupe me recibió con unos mates. Pensé que nada podía salir mal si la mañana empezaba así, mateando. A medida que arribaban las más de 100 mujeres de las distintas regiones de Chile, me sentía cada vez mejor, más en casa, más conmovida por la recepción y las experiencias que compartían. Los paneles, los momentos artísticos como la biodanza, el taller de arte, el de bordados, todo estuvo organizado de manera perfecta, con una espontánea sincronía.
La mesa como espacio de encuentro
Me sentí invitada a participar de todas las conversaciones. Hubo dos momentos que me subyugaron y se relacionan con las mesas. Las amigas de Mujeres Iglesia no necesitan protocolos, consignas rígidas, ni señalamientos sobre lo que deben hacer. Les basta una mesa y sentarse alrededor con otras mujeres para que todo suceda.
Lo sentí por primera vez en el taller de bordado. Había mesas con telas, bastidores, hilos de diferentes colores y frases de teólogas feministas para bordar. Me senté a una mesa con mujeres que no conocía y al rato ya no podía desprenderme de la conversación. Conocí la historia de la fiesta de La Tirana y de la Virgen del Carmen, en el norte de Chile. Los mitos fundacionales de la región atravesaron la mesa de bordado y me dejé atrapar por las voces de las mujeres que los relataban.

Mística feminista: El domingo de homilía compartida
Otro momento de mesa, palabras y amor fue el de la homilía compartida del domingo. Después de la lectura del Evangelio del encuentro de Jesús resucitado y María Magdalena, nos invitaron a sentarnos en grupos de 10 alrededor de mesas impregnadas de mística feminista. La propuesta era la de armar una homilía compartida entre las participantes de cada mesa. La palabra circulaba todo el tiempo, fluía desde el pasado al presente, desde el sometimiento a la liberación, como la leche, la miel, el vino que estaban servidos en cada mesa. Adquiría consistencia y alimentaba, como el pan que compartíamos.
Una iglesia que se teje entre todas
Llegué desde Buenos Aires con muchas expectativas porque, como académica e investigadora de los feminismos cristianos en América Latina, sigo el rastro de Mujer-Iglesia en Argentina y de Con-spirando en Chile. Vine buscando respuestas a preguntas. Regresé con conversaciones profundas y consistentes, con nombres, con abrazos, con reencuentros con amigas del pasado y encuentros con amigas nuevas. También fui enviada como reportera de noticias felices por la Comunidad Creo. Volví con la convicción de que otra iglesia es posible y se está tejiendo desde hace años entre mujeres de toda América Latina.